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Aborto: ¿Derecho de la mujer o derecho a la vida?

Revista San Pablo (Argentina), 24-04-2009

Viernes 24 de abril de 2009, por Bioéticas. Guía internacional de la Bioética

El tema del aborto provoca un debate sobre qué valores están en juego, cuando nos referimos a la vida y a la dignidad humana. No es un tema fácil, los aspectos personal, social, religioso se entremezclan y se oponen a la vez, colocándonos en dos posiciones bien contrapuestas: elección o vida.

por Joaquín Rocha

Psicólogo especialista en Educación para la Comunicación joacorocha05@yahoo.com.ar

El tema del aborto provoca un debate sobre qué valores están en juego, cuando nos referimos a la vida y a la dignidad humana. No es un tema fácil, los aspectos personal, social, religioso se entremezclan y se oponen a la vez, colocándonos en dos posiciones bien contrapuestas: elección o vida.

Acerca de esto, la doctora en Filosofía y magíster en Bioética, Diana Cohen Agrest, opina que esa “distinción es falaz: una persona puede sostener una postura pro elección ─y estar a favor de que sea la mujer quien tiene el derecho a tomar una decisión sobre abortar o no─ y pensar, al mismo tiempo, que el aborto, en la mayoría de los casos, no es moralmente legitimo”.

El vocablo aborto proviene del latín “ab orior”, contrario a nacer, y se define como la interrupción del desarrollo del feto durante el embarazo. Una manera menos cruel de decir que es la muerte provocada de una persona, cuando todavía se encuentra en el vientre de su madre, antes de nacer.

Según la Dra. Elisabeth Aahman, de la OMS, “no hay una estimación reciente y confiable para el aborto en la Argentina”. Sí se sabe que causa, en la Argentina, aproximadamente un tercio de las muertes maternas, por ser clandestino e inseguro. Más del 50 por ciento se debe a otras causas obstétricas directas (causadas por el embarazo), y la mayor parte del resto a causas obstétricas indirectas (enfermedades agravadas por el embarazo) (Fuente: Fernando D. Saravi, Aborto: una contribución al debate en la Argentina).

Variadas son las razones que llevan a una mujer a abortar. La situación económica, problemas de pareja, momento inoportuno para el embarazo son algunas de ellas. Además de los valores personales, los valores de la sociedad también influyen en la decisión.

Los que defienden la posición pro elección (abortistas) alegan que, si el aborto fuera legal, la mujer podría pensar con más calma, claridad y objetividad, llegando a una conclusión con la que se responsabilizaría. Es claro que parten de la idea de que cada hombre/mujer debe ejercer dominio sobre sus actos y sobre su propio cuerpo. Por lo tanto, el cuerpo de la mujer embarazada no es un bien sin dueño, apropiable por simple ocupación.

Otros autores fundamentan su defensa en la expresión: el aborto es un “crimen sin victima”. Consideran una distinción entre seres humanos y personas. Para pertenecer a estas últimas, se deben poseer ciertas propiedades como la conciencia de los objetos y acontecimientos exteriores, la percepción de sus vivencias, capacidad de razonar, de actuar independientemente, posibilidad de comunicarse, autoconciencia, entre otras. El feto, al no gozar de estas propiedades no tendría los mismos derechos que las personas. Si tuviera derecho a la vida, sólo él podría decidir acerca de su existencia, por lo cual, la sociedad no podría decidir por él, a menos que se conociera su voluntad.

La escritora y filósofa norteamericana Mary Ann Warren, líder pro abortista, afirma que “extender derechos legales a los fetos implica necesariamente privar a la mujer de los derechos a la autonomía personal, a la integridad física y, a veces, hasta a la vida misma. Hay lugar para sólo una persona con derechos completos e iguales dentro de la piel de un único ser humano”. Cierta corriente sostiene que el aborto es moralmente permisible, cuando está en riesgo la vida de una mujer o cuando el embarazo es producto de una violación.

Algunos grupos luchan por la despenalización del aborto valiéndose del argumento de que la mujer no logrará jamás su emancipación sin el derecho al aborto.

Ser madre o no es una elección para toda mujer. Una vez engendrado un hijo, esa elección desaparece. Se es madre, aunque decida que su hijo no viva. La posición pro vida se basa en el hecho de que el feto es un ser humano con derecho a la vida desde el momento de la concepción, y sería inmoral matarlo, como a cualquier otro ser humano. A partir de la concepción, el huevo fecundado contiene el patrón de lo cromosomas humanos que alberga todos los factores hereditarios, y no puede desarrollarse como algo que no sea humano.

Los biólogos atestiguan, en forma unánime, que la vida fetal es distinta de la vida de la madre, más allá de que los dos estén unidos durante el período de gestación. Con esto, se echa por tierra la teoría de que el feto es un apéndice de la madre que puede ser extirpado quirúrgicamente.

El máster en ciencias jurídicas Agustín Sanjur Otero afirma: “El derecho a la vida es reconocido como atributo inseparable de la persona humana, condicionando su existencia misma. Son muchos los juristas y filósofos que afirman que, aunque no se reconociera la personalización del ser concebido aún no individualizado, hay una vida humana que, en cuanto bien jurídico constitucionalmente protegido, debe preservarse contra todo lo que impida o interrumpa su desarrollo evolutivo natural. Por ello, se afirma que, en correspondencia con ese bien, existe una obligación constitucional de respeto y tutela”.

No se puede pronosticar si el “deseo” o “no deseo de un hijo” afectará la vida de una persona. El que una mujer no esté contenta con su embarazo, durante los primeros meses, no indica que esta misma mujer no vaya a amar a su bebé una vez nacido.

“La gran mayoría de abortos no se realiza, a causa de un motivo ‘sentimental’, ‘terapéutico’ o ‘eugenésico’, sino de un embarazo considerado ‘vergonzoso’. No es extraño que la mujer ─especialmente si es adolescente o joven─ busque igualmente métodos abortivos clandestinos, por la sencilla razón de que una ley, aunque quite la pena legal, no quita la vergüenza y el deseo de ocultamiento. Por otro lado, esta mentira se apoya en el mito según el cual los abortos legales son más ‘seguros’ que los clandestinos” (Fuente ACIPrensa).

Para la Iglesia Católica, la vida es un don de Dios, que, por su carácter sagrado, debe ser respetada y protegida desde los primeros momentos de la concepción. La privación directa de la vida a una persona inocente es considerada un asesinato, por lo cual el aborto no es permisible.

El feto no es un agresor, como lo dictaminan los pro abortistas, ya que es un ser inocente. Matar a un feto es privarlo de la posibilidad de un futuro, de todo lo que puede llegar a valorar o dar. Un feto es un alguien en potencia, cuya vida cambiará otras vidas.

Pensar que la legalización o no del aborto es determinante para que una mujer aborte o no simplifica e ignora las verdaderas causas. El acceso a una educación sexual adecuada para toda la población, desde la escuela o desde los centros asistenciales, resulta sumamente primordial.

Nuestra sociedad está perdiendo el respeto por la vida, a tal punto, que el aborto es juzgado como un mal menor. No soy abortista, no porque me lo exige la Iglesia, sino porque creo en la vida como un bien que nadie tiene el derecho a quitar. Que exista o no una legalización no va a modificar mi modo de ver. Al contrario, me desafía a luchar más por la vida con las herramientas a mi alcance: la palabra y el testimonio. Una y otra vez, insistiré en que el camino no es la prohibición, sino la educación. Familia, escuela e Iglesia deben mancomunarse con el objetivo de hacer de ésta una sociedad mejor.


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