Bioéticas. Guía internacional de la Bioética

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Una voz en defensa del planeta

Cubahora (Cuba), 10-03-2010

Miércoles 10 de marzo de 2010, por Bioéticas. Guía internacional de la Bioética

Nunca antes en la Historia de la Humanidad se ha logrado un desarrollo tan ascendente en la Ciencia y la Tecnología, ni han existido condiciones tan favorables para el logro de una gran calidad de vida, como en el momento actual. Sin embargo, nunca jamás como ahora, en este mundo tan extraordinario han coexistido tanta hambre, pobreza, desigualdades, guerras y migraciones en los cuatro puntos cardinales.

Célida Valdés Menocal, doctora en Ciencias Filosóficas.

ASTRID BARNET

Nunca antes en la Historia de la Humanidad se ha logrado un desarrollo tan ascendente en la Ciencia y la Tecnología, ni han existido condiciones tan favorables para el logro de una gran calidad de vida, como en el momento actual. Sin embargo, nunca jamás como ahora, en este mundo tan extraordinario han coexistido tanta hambre, pobreza, desigualdades, guerras y migraciones en los cuatro puntos cardinales.

Acerca de este tema y sus consecuencias actuales trató en entrevista exclusiva, Célida Valdés Menocal, doctora en Ciencias Filosóficas y profesora titular de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana.

"Ante todo quisiera apuntar que la enseñanza del Marxismo-Leninismo en nuestros altos centros de estudios incluye hoy tres asignaturas: Filosofía, Teoría Política y Problemas sociales de la Ciencia y la Tecnología. Esta última, toma fuerza importantísima a partir de la década del noventa del pasado siglo y es por ello que, cuando decido exponer mi tesis doctoral en el año 2000, lo hago a partir de la defensa de una dimensión ética dentro de lo que es la educación ambiental universitaria. Es así que llego a establecer un vínculo de la Ética, como saber filosófico, a los problemas ambientales".

A partir de esta iniciativa es que, durante un tiempo, se han ido derivando una serie de trabajos, artículos y libros —entre ellos, Ecología y Sociedad. Selección de Lecturas. Editorial Félix Varela, La Habana, 2005—, y la impartición de cursos referidos al tema de Ética ambiental en distintos cursos de post grado y de pre grado universitarios.

"El desarrollo de la Ciencia y la Tecnología, en el período de la modernidad, conlleva a que la racionalidad del hombre se vuelva cada vez más en un sentido instrumental, puesto que explota irracionalmente a la naturaleza, afectando así su propio equilibrio ecológico. Asimismo, la posesión del saber provoca que crea que todo el proceso de crecimiento económico y cultural, en general, está en función de elevar cada vez más su ansia de poder y sobreexplotación sobre la naturaleza", explica la doctora Valdés.

Especifica seguidamente que fue el siglo XX el mayor devastador del medio ambiente, pues el desarrollo de la revolución científico-técnica —necesaria para el progreso humano por sus avances en la industria, la agricultura y la medicina, entre otros—, provocó una desmedida explotación y dominación del entorno, además de la agudización de problemas como el aumento de la demanda de recursos naturales, la contaminación del medio ambiente por desechos de la producción y el consumo, y la intensificación de la producción agrícola y la urbanización, por mencionar algunos.

Puntualiza a continuación que el hombre cree entonces, que es el señor al cual hay que rendirle tributo, y que esto significa satisfacer sus necesidades sin tener en cuenta el equilibrio interno de nuestra Madre naturaleza, de la cual formamos parte al igual que otros seres vivos que la componen.

"La racionalidad instrumental continúa a la altura de este siglo XXI, afirma, pues seguimos maltratando a la naturaleza, aún cuando existe una fuerte demanda de muchos países, jefes de estados, personalidades y movimientos ecologistas a favor del respeto, la conservación, la preservación, la equidad, la justicia y la sustentabilidad".

La también Vicedecana del Área de Investigaciones, Post-grado y Relaciones Internacionales, subrayó que "hasta el momento, ha primado una cultura occidental fundamentada en el sentido de que el entorno, o lo que nos brinda la naturaleza, nos sirve para satisfacer nuestras necesidades no sólo básicas, sino que también se utiliza en un sentido utilitario, para la obtención de ganancias y riquezas, de forma irracional, expoliadora. Y es que en la medida en que hemos atentado contra la naturaleza hemos atentado contra nosotros mismos. "

Acotó que "Cuba siempre ha sido un país abanderado en la preservación, cuidado y seguridad del medio ambiente, sobre todo por la voluntad política que existe en nuestro país manifestada en distintos eventos internacionales, como la Cumbre sobre problemas del Medio Ambiente, efectuada en Brasil, en 1992.

"Una parte importante de esta situación la jugó la ministra cubana de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, la doctora Rosa Elena Simeón (ya desaparecida), quien desempeñó un rol muy importante en todo lo relacionado con el desarrollo de una educación ambiental, y la exigencia de su impartición a partir de la Enseñanza Primaria y su sostenimiento durante todo el proceso de Educación Superior".

Especificó que, "desafortunadamente, no siempre ha sido así, debido a que existen momentos —dentro de la Enseñanza Media, en especial—, en que este problema se diluye y, en la Enseñanza universitaria, existen carreras en las que no se hace énfasis en los asuntos medioambientales. Sin embargo, existen carreras universitarias que son abanderadas como Biología, Química y Geografía.

"En estos momentos, en las Sedes Universitarias Municipales de nuestro país se han creado las Cátedras de Medio Ambiente, cuyo trabajo está incidiendo favorablemente en las comunidades; trabajo comunitario que, como tema de estudios, la Universidad lo viene desplegando desde 2004".

Destacó igualmente la doctora Valdés que "en el mundo, los abanderados fundamentales de esta filosofía son los países de cultura oriental, al igual que los de culturas originarias, al desarrollar modos de vida que parten de la sustentabilidad y de la sostenibilidad. Algo que Federico Mayor —siendo director de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO)—, llamó Cultura por la paz. Cultura que tuviera como sustento la idea de un desarrollo humano sostenible y sustentable.

"Asimismo, y al igual que nuestras profesiones parten de la instrucción y enseñanza del ser humano, puntualizó, también debemos ser divulgadores acerca de lo que significa la naturaleza para todos, su conservación, respeto y sostenimiento".

LA BIOÉTICA

Como plantea la doctora Célida Valdés en su libro Ecología y Sociedad: "En la práctica de la vida social a mediados del siglo XX aparecieron conflictos que tenían entre sus causas principales los cambios en el conocimiento y las posibilidades que ofrecían las nuevas tecnologías. Conocimientos y tecnologías entraron en contradicción con las costumbres, las creencias y también colocaron al hombre ante nuevas incertidumbres".

La idea de la Bioética fue planteada en la década del setenta del pasado siglo, por el oncólogo norteamericano Van Rensselaert Potter, quien creó el término, preocupado por la separación entre el conocimiento y los valores, el conocimiento y la Ética. Le preocupaba que el desarrollo científico-técnico producía un incremento acelerado del conocimiento sin que creciera la sabiduría humana para manejar ese conocimiento obtenido. Potter planteó, entonces, la necesidad de ocuparse por igual de la producción de nuevos conocimientos y del uso de ese conocimiento.

"Esto ha servido de acicate para argumentar en los tiempos actuales que la Bioética es un nuevo saber, una nueva disciplina, producto de que el propio desarrollo de la Ciencia y la Tecnología ha conducido a una revolución epistemológica o revolución del saber. A la par han surgido nuevas disciplinas, nuevos saberes, por lo cual urge un diálogo entre saberes, a partir de toda la situación política, económica, ecológica y ética existente en el mundo", argumentó la Doctora en Filosofía e Historia.

Analizó seguidamente que, en Cuba se están dando pasos importantes al respecto:

"Tenemos un libro muy importante que compendió el doctor José Acosta Sariego, cuyo título es Bioética para la sustentabilidad. Una obra donde se recogen toda una serie de artículos, reflexiones y criterios de diferentes profesionales dedicados —desde diversas aristas—, a la Bioética, ciencia que debemos analizar desde un punto de vista interdisciplinario, con el objetivo de reflexionar acerca de la compleja realidad del mundo actual. Las diferencias entre la vida cotidiana de la década del sesenta del siglo veinte a la existente a partir del año 2000, con el consiguiente desarrollo de la computación, la electrónica, la biotecnología y de toda una serie de aspectos de las Ciencias Naturales y Técnicas que han provocado la complejidad de la propia vida cotidiana.

"Todo ello quiere decir que estamos ante una revolución del saber. Situación que exige calificación intelectual, y son los jóvenes los principales sujetos designados a tratar de reflexionar y argumentar cómo enfrentar esta nueva situación. Por ejemplo, nuestros centros del Polo Científico están convocando a una Ciencia distinta partiendo de un sentido humanista, solidario entre todos los hombres y en todos los escenarios internacionales.

¿Qué más espera de la vida?

"Ante todo quisiera que hubiera un poco de paz, y que la ciencia y la tecnología pudieran tratar de resolver los problemas de la salud a nivel global. Hay que tener muy en cuenta que la globalización constituye un fenómeno con elementos positivos, pero también negativos. Pero lo que verdaderamente urge en el mundo actual es que exista una voluntad política, por parte de todos los gobiernos y países, que convoque a un desenvolvimiento mejor y a que nuestro Planeta no continúe sufriendo tantas situaciones de catástrofes producto de la actuación irracional del hombre."

"…El deterioro acelerado y creciente del medio es, hoy día, posiblemente el peligro a largo plazo más grave que enfrenta toda la especie humana en su conjunto, y muy en particular el aún llamado Tercer Mundo. Junto con el riesgo todavía presente de la destrucción nuclear, se trata de la peor amenaza que tiene planteada ante sí la humanidad. En lo que respecta a los países subdesarrollados, es uno de los factores que agrava con más fuerza las condiciones de vida de cientos de millones de personas en el Tercer Mundo".

Así planteó el presidente de Cuba, Fidel Castro Ruz, en su discurso emitido durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, efectuada en Río de Janeiro, Brasil, el 14 de junio de 1992. Un llamamiento que, cada día que transcurre, se hace más vigente y, a la vez, más urgente pues como nunca antes en la Historia de la Humanidad se ha producido una agresión más devastadora contra el equilibrio de todos los sistemas vitales del medio ambiente.

No obstante el hombre ser superior al resto de las especies animales que habitan el Planeta —especialmente por su capacidad de pensar y su conciencia, entre otras cualidades—, es el principal causante del desequilibrio ambiental existente en el mundo de hoy. Ante todo, por su cultura consumista y derrochadora que lo conduce invariablemente a una acentuada agresividad contra el medio.

Hay que actuar con urgencia no sólo a favor del cuidado, seguridad y protección del medio ambiente —como igualmente planteara Fidel en dicho evento—, sino también contra todo vestigio de hambre, pobreza, desigualdad y subdesarrollo existentes en el orbe, producto del secular saqueo de las potencias colonialistas primero, e imperialistas después. El logro de un mundo armónico, equitativo y con un seguro disfrute ambiental es posible, a partir del entendimiento y solidaridad humana.

Hay que lograr que prevalezca la cordura de cada habitante de este Planeta frente a la barbarie de unos pocos ocupados en llenar sus bolsillos de dinero. Ellos son los mayores responsables de tanta destrucción y, a la vez, son los más responsabilizados con la supervivencia de la especie humana y porque no continúe afrontando tantos problemas de salud que pueden, de seguro, ser evitables.


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