Diario Hoy (Argentina), 21-02-2010
Domingo 21 de febrero de 2010, por Bioéticas. Guía internacional de la Bioética
Inseminación o fecundación artificial, reproducción asistida, fecundación in vitro son sólo algunas de las alternativas con las que se cuenta ante la imposibilidad de conseguir un embarazo de manera natural. Otra de las técnicas reproductivas, muy nombrada en el último tiempo gracias a que el mediático Ricardo Fort confesó en una entrevista televisiva haber recurrido a ella, es el alquiler de vientre. Esta técnica permite varias opciones. Una es que la pareja que alquila el vientre aporte el óvulo y el espermatozoide, formado el embrión, la madre suplente lo recibe para llevar la gestación hasta el nacimiento.
Otra posibilidad es que la madre sustituta aporte el óvulo, que puede ser inseminado con el semen del varón de la pareja contratante o de un tercero anónimo o conocido.
Por otro lado, el óvulo y esperma pueden ser contribuidos por personas ajenas a la pareja que contrata y a la madre sustituta. En todos los casos se usa la fecundación in vitro: el embrión es fecundado en el laboratorio e implantado en la mujer portadora. Previo al alquiler de vientre se firma un acuerdo entre las partes. Generalmente, una vez nacido, la mamá sustituta cede el bebé y renuncia a sus derechos de madre. Entonces la mujer de la pareja contratante adopta a la criatura. Las pautas varían según las personas intervinientes en el acuerdo y las legislaciones vigentes en el país en que se realice.
En el caso de Fort, él mismo hizo explícito que en el contrato firmado para poder concebir a sus mellizos quedó estipulado que si llegado el momento los niños, que en la actualidad tienen 6 años, quisieran conocer a la madre podrían hacerlo.
Fort reveló los secretos de la inseminación de sus mellizos gracias al alquiler del vientre de una mujer norteamericana y logró poner en boca de todos un tema que levanta polvareda.
“Fabricar la vida”
En diálogo con Hoy, el doctor José Alberto Mainetti, director del Instituto de Bioética Fundación Mainetti, dijo que “las tecnologías reproductivas muchas veces generan un conflicto moral”.
“Tiempo atrás se creía que estas formas de fertilización asistida podían llegar a aparejar algún perjuicio para el engendrado o para la madre. En la actualidad se demostró que no trae ninguna complicación para el niño en lo que respecta a lo biológico, lo que no significa que haya que aprender a manejar el lado emotivo y social”, dijo.
“Con los avances científicos tenemos la capacidad de fabricar la vida, por lo que algo que era casi del ámbito de lo sagrado pasó a ser un bien económico”, dijo y agregó que “se puede decir que se pasó del término reproducción a producción”.
“Cuando se habla de un producto en relación a la vida humana es donde se genera ruido. Un producto debe cumplir con condiciones de calidad y al estar hablando de personas se genera una contradicción. Hoy en día se puede diseñar un bebé, se le pone precio a determinadas características genéticas atentando contra la dignidad humana”, explicó y dijo que “como todo avance científico se presenta como una amenaza y como una promesa, todo depende de cómo se administre y de la seriedad con la que se tome el tema”.